He de confesarlo: Megadeth no es mi banda favorita, pero para cualquiera que tenga dos dedos de frente en lo que respecta al metal el que la banda del colorado Mustaine salga a un escenario dispuesto en Ate, Lima-Perú, es un hito en la historia de dicho género en el país.

La convocatoria fue grande y la gente respondió, el concierto debe haber sido uno de los más seriamente organizados en el país, y no era para menos. Cuando el miércoles 11 de junio dieron casi las nueve en el reloj de todos los metaleros de verdad, metaleros de fin de semana (de mitad de semana en este caso), rockeros, ayayeros y colados, se dio inicio con Sleepwalker a uno de los puntos más altos en lo que a conciertos de rock se refiere en un año que se ha visto favorecido por diversas visitas de bandas que nos dejan pensando que tal vez se ha empezado a correr la voz en el exterior de que en Perú no sólo hay Machu Picchu, una selección de fútbol dirigida por incapaces y un congreso que hace juego con ella, sino también una audiencia presta a asistir masivamente a conciertos de rock. Si, de rock!.

A lo largo de poco más de dos horas, Megadeth hizo una revisión rápida y precisa de su discografía, con un Dave Mustaine bastante animado y agradecido. Las casi 6000 personas presentes en la explanada del Estadio Monumental coreaban “Olé, Olé, Olé, Olé, Mustaine, Mustaine” para inflar cada vez más el ego del cerebro detrás de esta banda leyenda del thrash, quien como muestra de su aprecio musitó en castellano: “Mi español no es muy bueno, pero muchísimas gracias”.

Como dato anecdótico quedará en mi recuerdo el ver entrando al local al estilista Koki Belaunde, enfundado en botas altas y vampiresco gabán; al verlo ahí confirmé lo grande que podía llegar a ser el concierto, el poder de convocatoria que tiene el nombre de Megadeth en el imaginario común, incluso el limeño, y las infinitas posibilidades que el éxito de este show abre para el futuro de los eventos de este tipo.

Enfundado en un polo de Kiss, del album Hotter than Hell, y luego de colgar una bandera peruana en el pie del micrófono, el cantante de 47 años aseguró el regreso de la banda a escenarios limeños, luego de cerrar su presentación con el emblemático tema Holy Wars del album de hace 18 años Rust in Peace. El arsenal escogido para devastar Lima fue el siguiente: Sleepwalker, Wake Up Dead, Take No Prisoners, Skin O’ My Teeth, Washington Is Next, Kick The Chair, In My Darkest Hour, Hangar 18, Gears of War, A Tout Le Monde, Tornado Of Souls, Ashes In Your Mouth, Sweating Bullets, Burnt Ice, Symphony Of Destruction, Trust, She wolf, Peace sells, Holy wars.

Del aspecto técnico puedo decir que el público asistente a la zona más cercana al escenario comentaba al salir que el sonido no era 100% satisfactorio. Sin embargo yo que estuve en la zona intermedia no podría afirmar ello pues, tal vez debido a un tema de qué equipos se utilizaron, el sonido llegó bastante bien. De cualquier forma es un apunte a tomar en cuenta por parte de los organizadores.

El despliegue de la banda fue bastante bueno, un concierto sólido que nos lleva a soñar con la posibilidad de futuras visitas que nos saquen de este abandono del cual hemos sido víctimas durante décadas en lo que se refiere a conciertos de rock de alto nivel. Ojalá el público también crezca y se manifieste no sólo para este tipo de eventos, y así podamos cimentar una base sólida de espectadores y participantes en los circuitos nacionales de esta música.

Gracias Megadeth
, gracias Mustaine, gracias a los organizadores, fue un gran concierto y acá, Tornado of Souls desde el moshpit:

Foto: Terra

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